España necesitada de héroes. País sediento de reconciliaciones y abrazos. Pesan los siglos. Demasiada historia, que pesa como siglos. Un pequeño trozo de mundo que se cargó los Evangelios a sus espaldas y cruzó el Atlántico para anunciar a Cristo.

Murió Puerta y todos nos hundimos, como si fuera la primera vez que sentimos la muerte tan próxima. Falleció un chaval de apenas 22 años y brotó la vida en Sevilla. España entera sedienta de reconciliaciones y abrazos. Semillas esperando demasiado tiempo un poco de agua y espacio sin suelas.

Sucedió con Miguel Ángel Blanco hace mucho tiempo, aunque en el mundo obsceno del nazismo vasco. Los españoles siguen deseando abrazarse, pero no saben cómo hacerlo, porque nadie les ha enseñado, y porque tienen miedo, y porque lo natural se ha vuelto ideal. Y, por eso, sólo lo logran en momentos críticos, extremos, cuando ya no hay nada que pueda detener las lágrimas y el dolor hace que te olvides de quién eres y entonces te llamas Miguel Ángel o Antonio, y te abrazas al compatriota que tienes al lado, y la vida fluye como no lo ha hecho antes y notas cómo el suelo tiembla bajo tus suelas, con semillas que se abren paso, al menos, hasta que se pone el sol y todo regresa a la normalidad, aunque con más dolor, por lo que pudo haber sido y no fue.

Un día, cuando nos echemos a llorar, ya no habrá semillas esperando a los españoles.